Cuento corto. Ma. de Lourdes Gasca Villalobos
Eran cerca de las cuatro de la tarde cuando llegó a su casa, la calle se encontraba totalmente sola, el sol caía a plomo y la tarde transcurría lerda. Quitó el alambre que sujetaba la reja del jardín, dio dos pasos y giró para volver a colocarlo; atravesó el jardín, observó que el pasto estaba demasiado crecido; se paró por unos instantes frente a la puerta de la casa, empezó a buscar sus llaves, después de hurgar cuidadosamente en su bolso, las encontró. Introdujo una primera llave en el cerrojo y giró media vuelta, sintió que ésta giraba fácilmente, señal de que ya había llegado por lo menos algún otro miembro de la familia; a continuación introdujo una segunda llave en otra chapa, giró una vuelta completa, este cerrojo siempre tenía el seguro, aún cuando alguien estuviera en casa.